Obsidiana – 2020

En los círculos repetidos que parecen una diana de lava para emergente, o para perforar, un enmascarado bañado por el magma de su desconocimiento se perfila. Entre fluidos ígneos o estacas o pirámides que copian la forma del volcán, la figura lee el caos, se olvida de su rostro.

Las edades de los anillos concéntricos multicolores, fluorescentes, son milenarias, aunque se compactan en el proceso de la obra (cuando el fuego líquido se enfría arrepentido) ¡Ahora! en el momento en que atraviesas el espejo (o que te sumerges en la imagen, como en la máscara del sueño).

Toda gran imagen es un doble. Y aquí nos muestra su gesto pendular y devela sus gemelos, como esos convertidos en los polos del cielo.

Espejo negro que nunca muestra la misma faz, pozo quemante para encontrar herramientas como las de este guerrero sin presa (y sin prisa). Armas que son hallazgos de la forma.

El arcoíris de lo imaginario, lo errático, lo sin mundo, espera su héroe solitario que lo convierta en cosa. La mano es la constelación sagrada que abre otro cielo con el filo de su piedra.

Es de Obsidiana este cuchillo sobre la obra que muta entre la sangre y el negro, entre el cuerpo y la superficie de la imagen. En su obsesión por inventar un sitio afuera del tiempo creando un blanco imposible para una flecha pulida infinitamente. Obsidiana es la palabra que reverbera en estos paisajes como un eco, como una vieja llama. Obsidiana este planeta donde reina la noche.

Lucas Marín

noviembre 2019